En una bóveda vigilada por policías armados, hay una caja resguardada con los restos de una historia que avergüenza a la Ciudad de México.
"Manzanares" era su nombre genérico, aunque casi todos sus visitantes se referían a ese lugar como "La Pasarela". Ahí desfilaban menores secuestradas y señoras que llegaron por su voluntad, pero obligadas a pagar una alta cuota para poder pasearse de un extremo del callejón a otro, trazando una elipse con sus tacones, frente a seis locales abiertos con televisores y rockola, donde vendían alcohol y aperitivos para los visitantes. Excitados por los tragos, los clientes "rentaban" a un ser humano por 200 pesos para llevarla a la vecindad de los Rodríguez M., el único lugar donde se podía tener relaciones sexuales. Durante el Mundial de Sudáfrica de 2010, incluso hubo una promoción: paga 500 pesos y recibe 24 cervezas, más "la niña que te guste".
El prostíbulo cerró en 2011, después de unos 15 años de operación. De madrugada, decenas de agentes de la procuraduría capitalina entraron a la vecindad y revisaron los 26 diminutos cuartos con catres de cemento y puertas de sábanas, de donde rescataron a 27 víctimas, entre ellas cinco menores de edad obligadas a prostituirse. La más chica tenía 13 años. Los tratantes fueron arrestados, las víctimas devueltas a sus familias y los accesos del inmueble quedaron sellados por el gobierno de la ciudad. Así, "La Pasarela" bajó el telón y lo que recogieron los policías como evidencia criminal está en la caja "04", como señal de que eso, hace apenas cinco años, sucedía en la ciudad.
