El 8 de octubre de 1996, Francisca Zetina, mejor conocida como la Paca, tuvo una visión, mejor dicho, un presentimiento: vislumbró el lugar preciso en el que estaba el cadáver de Manuel Muñoz Rocha, tras dos años de su extravío Los huesos debían estar, aseguró la vidente, enterrados a flor de tierra en la finca El Encanto, propiedad de Raúl Salinas de Gortari Al día siguiente, el subprocurador Pablo Chapa Bezanilla llevó a la Paca a la finca del mayor del clan Salinas para comprobar que ahí estaban los restos del diputado por Tamaulipas, a quien se le adjudicaba haber participado en el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Las vibraciones percibidas por la Paca fueron la señal que Chapa Bezanilla recibió para convencerse, él también, de que estaba en el lugar correcto "¡Es Muñoz Rocha! ¡Es Muñoz Rocha!", exclamó el miércoles 9 al ver el cráneo Festejaba el hallazgo sin esperar a que concluyeran las investigaciones pertinentes
Francisca Zetina Chávez recuerda ese momento:
"Fui y les dije que en ese lugar había vibraciones negativas No es un lugar sano Hay cosas sobrenaturales El pasto no huele a hierba, y todo está muy misterioso"
Usted dijo que había un cadáver enterrado
Eso lo decía el anónimo Yo dije que había vibraciones fuera de lo común Siempre dije eso El anónimo sólo cumplí con entregarlo y es todo lo que sé
Con este presentimiento, la Paca inauguraba una de las historias más increíbles de la política nacional: una vidente, una bruja, como la catalogaron la mayoría de los implicados poco tiempo después, había sido la guía de la justicia mexicana para encontrar al responsable de uno de los asesinatos más escabrosos de la historia nacional reciente, un caso que sigue sin resolverse.
